El estrecho de Ormuz, nunca antes escuchado por muchos de nosotros, ha entrado de lleno en nuestras vidas en las últimas semanas, y es que el conflicto bélico que azota la zona, está afectando, de forma drástica y con un impacto tremendo al comercio global. Y es que los bombardeos en esta zona, un paso marítimo que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y que tiene una importancia clave para el comercio energético internacional, han supuesto una crisis logística pocas veces vista en las últimas décadas, traducida en:
- Fletes al alza: ya que se ha provocado un incremento en los precios actuales y futuros del petróleo (recordemos que por aquí circula más del 20% del petróleo mundial).
- Desvíos y demoras: al suspenderse operaciones en la zona, ha habido desvíos masivos por rutas más largas, lo que aumenta entre 10 y 15 días los tiempos de tránsito, incrementando el consumo de combustible y limitando la capacidad.
- Riesgos de suministros: sobre todo en sectores clave como la industria y el comercio energético que ya anticiparon interrupciones graves, afectando a la cadena de suministro internacional.
- Paralización energética: en tanto que el bloque en la zona genera un impacto directo en el suministro energético global y en la producción industrial.
En resumen, la situación de la guerra y el cierre de Ormuz, se traduce en una crisis sistémica de alto impacto para el sector logístico global, sirviendo como un tapón crítico que restringe la circulación de las principales rutas de suministro energético y de mercancías entre Asia, Oriente Medio y Europa.




